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Bitácora de un Autito de Juguete
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19 March 2006
Domingo 12 de Marzo: Songos!

Esta vez con la gente de Camycam!

 

Parece la selva, pero no lo es.

Songos es una quebrada que se ubica un poco más allá de Corcona, a unos 2700 msnm. Llegamos a la entrada a Songos a eso de las diez de la mañana, pero para llegar hasta los Toboganes hay que caminar mucho más.

A 2700m no hace calor en verano. El cielo se nubló deprisa aunque en Lima estuvo soleado todo el día. Parecía invierno.
El camino hacia los toboganes está tan lleno de
vegetación que parecía que estuviéramos en la selva alta. En realidad no hay camino, una vez pasado un pequeño claro hay que saltar por el río y entre las rocas, las cuales son muy resbalosas si están mojadas.
Las plantas no ayudan, ni siquiera para agarrarse e intentar no caer: todas ellas (troncos, tallos, incluso hojas) están cubiertas por enormes espinas.
En estos casos llevar sombrero o gorra se hace muy útil para protegerse la cara.
Son algo curioso estas plantas: de lejos parecen higueras, sólo las delatan sus espinas.

A unos quince minutos desde el claro el río forma una cascada de dos o tres escalones de dos metros de alto cada uno los cuales hay que subir con cuerda. No hacía mucho frío aún, pero el agua estaba helada. Lo que salvó a la cámara, al USB y las pilas de mojarse (el reloj de mi dueña no tuvo tanta suerte) fue el haberlos envuento en bolsas de plástico... no hubo una para mí...
:(

Jean, uno de los guías de Camycam y un excelente escalador, era quien sujetaba la cuerda para que los demás pudieran ascender.

De allí tuvimos que escalar un poco más por rocas tan lisas como una pared y con una pendiente de 45 a 60 grados. No es tan difícil el ascenso... hasta que te pones a pensar en cómo vas a hacer para bajar.
Los guías dicen que, usando un casco, una persona puede deslizarse por el tobogán, pero Marzo es plena época de lluvias, el río está crecido y no se ve nada seguro.
Hubiera sido arriesgado, por eso nadie lo hizo. 

Las fotos de ese día están akí.


La aventura realmente comenzó al regreso. Subir y bajar de la cima del tobogán es fácil pues hay pasto por un lado por el que se puede caminar y agarrarse, lo malo viene después, cuando sólo quedan esas plantas espinosas. Ya había empezado a llover poco antes de llegar a los toboganes, pero la lluvia realmente se hizo fuerte al comenzar el descenso.
Era fácil hundirse hasta los tobillos en el barro y resbalarse sobre él. Hubo quienes se cayeron y se arañaron con las espinas de las plantas. Hacía un frío endemoniado y todos estaban con la ropa mojada. Aún así, mi dueña llegó a tener el short tan sucio que no le importó meterse en el río hasta la cintura só para lavarse un poco.
Esto no es tan molesto mientras la gente se esté moviendo, pero cuando llegamos a la cascada de los dos o tres escalones (desde arriba se ve la sima de varios metros y una pendiente de más de 60 grados) tuvimos que detenernos. Sólo había una cuerda y un arnés para veinte personas. Sólo podía bajar una a la vez mientras los demás esperaban bajo la lluvia.
Aparte: la lluvia había hecho crecer el río, la corriente estaba fuerte, y el agua helada.
Bajar se hizo tan lento que algunos de los chicos bajaron por la cuerda sin usar el arnés... hasta que se dieron cuenta de que esto era aún más lento. Como decía mi dueña: "Estás temblando tanto, y tienes los músculos tan tensos por el frío que no sabes si podrás hacerla. Pero una vez que tienes la cuerda entre tus manos mágicamente recuperas el control de tu cuerpo; y mientras desciendes, a pesar del agua y la lluvia, te olvidas del frío, ya no lo sientes, sólo puedes pensar en no caerte y romperte el cuello."

Los guías se colocaron en la cascada para ayudar a los que bajaban si lo necesitaban. Ingreen (quien hizo del Color Rojo en la navidad en Chacaya) estuvo metida en el río todo el tiempo, mientras la gente descendía. Algo impresionante el quedarse en el agua durante más de dos horas, especialmente porque el frío permitía ver el aliento al respirar y porque ya eran más de las cinco de la tarde.
Le gente demoraba unos cinco minutos para bajar como promedio. En cambio cuentan que mi dueña lo hizo al toque. Antes de que se diera cuenta ya estaba sobre el tronco apoyado en el último escalón. El agua caía con tanta fuerza que la empujó hacia atrá, pero no se hizo daño. Se quitó el arnés tan rápido como pudo y salió tambaleándose del agua helada. Por haber descendido tan rápido, uno de los chicos que estaban ahí abajo le estrechó la mano :D

Antes de que ella descendiera ya habín bajado cuatro o cinco personas y algunas ya habín partido de regreso. Jean la dirigió de vuelta al claro a través del río y las rocas. La lluvia había formado una pequeña caída de agua donde no debía estar y jsuto en una de las partes más difíciles de cruzar. justo allí había que deslizarse por una roca con peligro de caer al agua, dos metros má abajo.

Cuando Jean y ella llegaron al claro ya estaba oscureciendo y no había nadie. Jean tuvo que volver para ayudar a la gente que todavía no bajaba de la cascada. Felizmente ya no llovía. A los quince minutos Jean regresó, pero sólo con una persona:
Mary, quién no tenía ropa para cambiarse y estaba totalmente mojada. Ya estaba oscuro y mi dueñ, quien carece totalmente de sentido de la orientació, no quiso arriesgarse en ir a la carretera a pesar de que la noche estaba muy clara, pues era luna llena. Lo único que pudo hacer por Mary fué prestarle su toalla mojada para que se cubriera un poco. Aunque mi dueña se puso a correr y saltar no entraba en calor, más era lo que se cansaba, así que lo dejó. Jean se puso su linterna, le dió su celular a cuidar a mi dueña y volvió por más gente.

Quince minutos después regresó. Dado que Mary ya no aguantaba el frío partió a la carretera con dos chicos más, quedándose en el claro Yelinna, mi dueña, y Cecilia. Jean condujo a ambas bajo unos árboles y volvió para traer al resto de la gente.

Serían eso de las siete de la noche cuando Cecilia (age=19) y Yelinna (age =25) quedaron solas. Ambas ya se habían puesto encima la ropa
medianamente seca que tenín para cambiarse (aquís, en medio de la noche ¿quién va a estarte mirando?) cuando empezó a llover nuevamente. Bajo los árboles no se sentía tanto la lluvia pero Yelinna tuvo que improvisarse un impermeable con una bolsa de plástico. Fue entonces que empezó la prueba de resistencia mental: no podían ir a la carretera (ninguna recordaba el camino y menos en la noche) y no sabían cuánto demorarían los demá. Así que en lugar de simplemente permanecer paradas (todo estaba tan mojado que no había dónde sentarse) Yelinna se puso a hablar de lo que sea que se le venía a la cabeza. Una forma de hacer pasar el tiempo más rápidamente y de hacer ruido y mantener el ánimo alto.
Habló de todo lo imaginable e inimaginable: La casa de Lima, la de Chaclacayo, sus primos, su abuela, los cortes de agua y luz en 1990, la presión de agua en el baño del caurto de su mamá, del grupo de Ci-Fi, de los pronósticos de sequía para Lima en el 2025, de sus salidas de trekking, de la universidad, del ascensor espacial, de los apagones a finales de lso 80s, de los pishtacos, de los libros que les sobraban... Cecilia a su vez contó de su universidad, de las dos semanas que estuvo en la sierra de trabajo ocupacional y de su amigo que quiere armar una biblioteca en Cañete.
Llegó un momento en que Yelinna ya ni sabía lo que decía, empezaron a llamar a los otros, Yelinna a lanzar lisuras, a reírse...
Yelinna se trepó en una piedra esperando poder ver las luces de las linternas acercándose y mientras tanto hacía toda clase de tonterías para tener un motivo de risa, como su pequeña obrita de teatro en medio de la oscuridad: 
- ¡Oh, luz, ven a mí, que tanto te necesito!-la actriz alza los brazos al horizonte-te entrego mi corazón entero -hace ademán de abrirse el pecho- con la aorta y la vena cava.... - en este momento público y actores se matan de la risa.
De rato en rato se veían las linternas a lo lejos, aparecían y desaparecían, para luego dejarse ver mucho rato después.
Durante una media hora se formó una espesa neblina que le daba al paisaje un aspecto fantasmal, como de película de terror. Fue Cecilia quién notó a la gente cuando estaban cerca. Jean traía a un grupito con él, diciendo que aún faltaban dos o tres que bajaran la cascada.
La gente contaba que la cascada que no debía estar había crecido, incluso se habían formado dos cascadas más con el agua de la lluvia. Entonces Yelinna preguntó la hora:
- Cuarto para las diez.
Increíble: Ella y Cecilia habían permanecido de pie, en el frío, esperando, casi tres horas.
El truco de Yelinna funcionó, ellas habían calculado que había transcurrido la mitad de ese tiempo.

Hora el problema era que en casa debían estar preocupados por todos ellos. En esta zona la mitad de los celulares (como el de Jean después que lo comprobara) no tienen señal. La carretera está más cerca de lo que parecía. Ya en la entrada a Songos se decidió qué hacer. Uno de los chicos prestó su celular al resto (mi dueña incluída) para que llamaran a sus casas y tranquilizarlos:
- Hola Papá, voy a  estar a eso de la una en la casa, estoy bien, déjenme algo de comer....
- Ma'!, estamos bien, nos retrasamos, despues te cuento...
Jean propuso caminar hasta el restaurante que estaba a un kilómetro por la carretera. A Cecilia (quien esperaba a sus primos) no le convencía caminar al borde de la carretera, Yelinna era de la opinion de si tenían que ir lo hicieran de una vez. Lo malo es que ni Jean estaba seguro que el restaurante estuviera abierto a esas horas.

Entonces sucedio el milagro: un Bus interprovincial se detuvo.
Dos chicos subieron corriendo, mi dueña casi no lo logra pues el bus ya se estaba moviendo cuando ella se trepó saltando. Fue cosa rara que nadie más trepara pues Jean era el único guía de Camycam en el grupo. Después supe que los últimos bajaron de la cascada a eso de las once de la noche, acompañados siempre por los guías de camycam. Ignoro cómo le hicieron para guantar el frío.
A esa hora el bus ya estaba por Corcona, a media hora de Chosica.

Sucedió que ya no había más sitio en el bus así que los tres aventureros tuvieron que viajar de pie, junto a la puerta del conductor, siempre con el temor de que se les pasara el paradero. Dado que ya era tan tarde para ir hasta Lima, mi dueña decidió quedarse en la cada de Chaclacayo. Lo malo: no estaba la abuela, sólo los guardianes de la casa: la señora Mary y su esposo. Sucedió que tenían la llave de la entrada pero no del interior de la casa.
Felizmente hay un par de pequeños cuartos junto al jardín, así que después de ir a un teléfono público (el cual marcaba las 11:25pm) llamar a la casa de Lima y avisar que estaba bien, Yelinna se acomodó en el más arreglado de ambos cuartos, el cual tiene un baño, una cama y su respectivo colchón, el cual es blando y un poco hundido en el centro, es decir: muy cómodo.
Después de avisar que la despertaran a las ocho de la mañana ("quiero quitarme pa' Lima lo más temprano posible, ya desayunaré algo por ahí") y poner a secar las cosas mojadas (yo incluído) se tiró a dormir casi sin darse cuenta con qué, lo cual no importaba mucho porque en Chaclacayo ya hace calor. Parecía que pasábamos la noche en un hotel para viajeros, con la diferencia que la habitación no constó nada. Grande fué la sorpresa de
Yelinna a la mañana siguiente, poco antes de las ocho, cuando despertó y se dió
cuenta que había usado como almohada la sábana doblada de la cama y como sábana un mantel que había jalado de la tabla de planchar.
No estuvo mal.
Salimos apenas nos avisaron que eran las ocho, luego de ordenar y meter las cosas. Ya para entonces la mochila se había secado, mas no las botas, lo cual era mejor ya que íbamos hacia la calurosa Lima (con una toalla vieja y un reloj barato menos).


Un dato: en la panadería de la esquina en Chaclacayo son unos estafadores: 0.25 céntimos cada pan integral, y los Nerds los venden a cuatro soles la cajita, cuando en el mercado de Jesús María están a tres.


Y ahora, lo que descubrimos al volver, de un correo de Ingreen a mi dueña, quien la llama "Conejita" y cuenta que llegó a su casa a las 3am:
 "Recibí buenos comentarios acerca de ti, como que cuando te vieron pensaron que eras una intelectual de ciudad, pero luego OH sorpresa ereas toda una warrior!!!
:)".

Yelinna está feliz con eso de parecer "intelectual de ciudad" :D :D

Creo que de más está decir que ese mismo Lunes su mamá le sacó una copia de la llave de la puerta de la cocina de la casa de Chaclacayo.

Posted by yelinna at 7:58 PM EST
Updated: 19 March 2006 8:03 PM EST
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