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LA PUTREFACCIÓN DE LA CARNE

 


Hace tiempo escribí:
"Son los hechos, no las palabras, aquello que nos destruye"

No es así.

La verdad es que:
"no son ni las palabras ni los hechos lo que nos destruyen, son las emociones detrás de esas mismas palabras o hechos las que pueden determinar nuestra salvación, nuestra ruina o nuestra aniquilación".

 

Si sólo fuéramos conciencia, inteligencia no atada ni a la materia ni al Tiempo, podríamos dedicar el resto de la Eternidad a hallar las respuestas a las Preguntas Últimas, pues justamente son ésas las que requieren de una Eternidad para ser respondidas. 

 

Hace años, quise entender el proceso de descomposición orgánica, cómo era posible que un animal vivo y sensible quedara reducido a materia inerte tras la muerte. Quise saber cuál era la verdadera diferencia entre un ser vivo y un cadáver, especialmente porque veía a mis mascotas morir y supe de la muerte de gente querida de amigos y vecinos. Quería saber qué es lo que le arrebata la muerte a un ser humano para reducirlo a mero objeto: el cuerpo sin vida. Quería entender la diferencia entre la vida, la muerte, la descomposición y la tierra fértil.

Después de ver fotos en internet, en libros, de ver documentales, de leer enciclopedias, llegué a conclusiones bastante interesantes. Un profesor en la facultad de medicina dijo que no todo muere al mismo tiempo en un animal o un ser humano, pero se considera la muerte al morir lo más importante (las funciones cerebrales más elevadas: conciencia, pensamiento, raciocinio).

Entonces ¿qué se lleva la Muerte para reducir a una persona a simple y vil materia? A un cadáver puedes hacerle lo que deseas, es un simple objeto, no se le puede hacer más daño, lo que amaste o conociste ya no está allí, esa materia que queda, por los mismo mecanismos naturales, pronto será reducida a tierra, a mero polvo.

Es más fácil mirarle los ojos a un cadáver que a una persona viva, en los ojos de un muerto no hay absolutamente nada, es como mirar dos canicas blancas, en cambio en los ojos de un vivo puede haber todo, desde el amor más desesperado hasta el odio más aberrante.

¿Qué se lleva la Muerte para reducir a un ser vivo pensante y sensible a mera tierra transformada en cuerpo, en objeto? ¿a dónde se lo lleva? 

No lo sé, y creo que en este punto ya estoy rozando un misterio sin respuesta.


El mundo está en Guerra, sólo que no lo sabíamos, fue una lid no declarada, cuyo comienzo se pierde en los albores de la Historia.
No es una guerra cruenta, es intangible, anímica, no es por la supervivencia (ésta está asegurada desde hace eones), se pelea con vidrio y metal por salvar la cordura en un mundo entregado a la demencia más absoluta.

He visto tu dolor con indiferencia demoníaca, te he visto gritar impasible por un poco de misericordia ¡oh estado animal sufriente! ¡oh Humanidad depredadora, que alteras y destruyes todo lo que tocas, todo sobre lo que posas las manos!
Sonriendo arrastré al Infierno a los inocentes, mi sangre está marcada por la herencia del Depredador.

Soy la Cronista de la Muerte y he visto el vacío en tu mirada.
Este mundo incoherente, en el que hasta la felicidad más injustificada produce dolor.
¡Oh Humanos! ¡Todo lo que tocamos queda dañado!
Huelo a veneno y alcohol, a dextrosa, estricnina, ácido acético.
Y te ví, despiadado depredador, frío y muerto sobre una camilla de metal.

¿qué es lo más valioso? ¿es la vida o la cordura lo primero que se debe defender? ¿qué es una sin la otra?
Separadas pierden valor, son inútiles, escoria de la metáfora.


La vida no es un regalo.

La vida es un préstamo, por tiempo limitado y sin intereses.

Nos es dado todo: el cuerpo, la mente, la inteligencia, la razón, la conciencia del yo, de la existencia.

Y al final, siempre al final, todo nos es arrebatado. El Yo es reducido a menos que nada, al igual que el dinero, después de usarlo, hay que devolverlo.

La factura de devolución no tiene fecha, es a deseo y capricho del Absoluto Prestamista, entidad Infernal que se ríe de nuestra angustia y nuestro temor, y cuyo pago último es un montón de materia corrupta.

Ése es su alimento, origen de su insaciable Codicia.


Éstas son la Crónicas de la Vida y de la Muerte... y todo lo que hay en medio

Todo el proceso de crecimiento y desarrollo de un ser humano está marcado por el dolor. Crecer duele, aprender duele. Cuando somos muy jóvenes es común que una sola palabra mal dirigida, o mal entonada, sea suficiente para hundir el Universo. Visto desde la perspectiva de los años es hasta estúpido, pero desde la perspectiva de quien aún no ha aprendido a ver las cosas desde su justa medida, un mal gesto o un mal saludo son suficientes para apagar la luz del día.

Soy la Cronista de la Muerte, y te he visto de cerca, Humanidad. La semilla de la aniquilación yace oculta en cada un@ de tus hij@s. Suele permanecer infecunda, pero ¡ay de quien la hace germinar! Mejor es mantenerla bajo sesenta metros de cemento, allí donde no puede ser alimento de demonios.

Soy la Cronista de la Muerte, y he visto el Infinito en los ojos de un cadáver. He visto la carne muerta yacer fría ante mí. ¡Oh estremecimiento, vida aniquilada antes de que sea su tiempo!
¡Ay de aquellos que no han aprendido cómo evitar las tormentas en vasos de agua! He visto a tus jóvenes, envueltos en sus carnes aún blandas, llorar a causa de un poco de soledad, de un poco de incomprensión! Aprender duele, no se les puede juzgar pues aún están aprendiendo.
Mas no tod@s salen bien librad@s de estas lecciones, fácil es caer en la espiral que desemboca en la destrucción. La semilla germinó, y como un cáncer consume todo: mesura, prudencia, ética, cordura, autopreservación. Miles son quienes no pudieron pasar esta prueba y yacen con la mente y el cuerpo quebrados, o con el espíritu envilecido, o a dos metros bajo tierra, convertid@s en carroña.

Soy la Cronista de la Muerte, y hablo desde la perspectiva de los años...
Pasé los exámenes, reclamo Vida Nueva.


No existe ninguna diferencia entre nuestros cuerpos y los de los animales. El material y la forma en que están construidos son los mismos. Al morir se detiene el sistema inmunológico, lo que causa que las bacterias del intestino invadan el resto del cuerpo. Al no circular la sangre las células mueren y los tejidos se deshacen. Bacterias internas y externas empiezan el proceso de descomposición produciendo gases (compuestos de hidrógeno y azufre) que hinchan el cadáver.

Así, moscas y gusanos no son más que protagonistas tardíos, atraídos por el olor del cadáver y sus emanaciones.

En todos los seres vivos se puede considerar la muerte cuando ha cesado toda acción metabólica. En los seres vivos con un sistema nervioso desarrollado también se puede considerar la muerte al cesar la actividad neuronal.

En realidad no existe diferencia alguna entre un cadáver y la tierra de un campo, es la misma materia bajo distinta forma. Si un ser amado muere, lo que lo hacía único y lo que se mereció nuestro amor ya no está allí, ya se ha ido y sólo queda detrás el cuerpo inerte.

Y es cuando la Naturaleza empieza su trabajo, tierra convertida en cuerpo que pronto volverá al polvo del que surgió.

El respeto que profesamos a los muertos, a las tumbas y cadáveres, es el respeto y el amor que demostramos hacia aquello que alguna vez fueron, aquello que se fue y seguimos amando.

No importan ya si la tumba es profanada y el cadáver tratado con indignidad, ya no se le puede hacer daño y bien a algo que ya no está allí. Además la Naturaleza misma se encarga de presentárnoslo bajo una forma ya bastante desagradable. En ningún momento nos preguntó si nos gusta lo que le hace a nuestros cuerpos después del final, nuestra opinión no le interesa a nadie.

Y después de que la corrupción ha hecho su trabajo, lo que queda, huesos y cráneos, son objetos por sí mismos inofensivos, por lo que no deben inspirar temor alguno.

Es verdad que la Muerte a veces se lleva aquello que más amamos en el momento en que más lo necesitamos, a veces es una manera de poner fin al dolor, a veces una simple despedida.

Y es cierto que ocurre lo que no debería ocurrir: mucha gente muere de maneras horrendas, humillantes o crueles. Debería haber una Ley Biológica que lo impidiera, pero no es así, y yo tampoco hago las reglas.

Pero para esto también tengo una respuesta: No se debe reducir toda una existencia a último momento. No se debe pensar que el momento final es el más importante, antes de eso al menos debió haber algo que valió la pena.

porque:

No es a la Muerte a lo que hay que temerle, a lo que hay que tenerle miedo es a haber vivido en vano.

Y acorde con esto todo es permitido: alegría, tristeza, dolor, odio, amor, pecado...

Y recordar de vez en cuando que se está con vida. Lo que viene después es un misterio total y por ello no debe preocuparnos.


Y soñando una vez, recuerdo que grité:

"¿De qué sirve tanto amor, si al final todo quedará en el olvido?"

La verdadera Muerte sobreviene cuando ya no hay persona o ser alguno que guarde un recuerdo de quien se ha ido, cuando ya no quede nada de lo que hicimos. Esto ocurrirá tarde o temprano, mejor tarde que temprano... pero al final, en el día último de la Historia, en el último instante de la Humanidad, todo quedará en paz y en silencio, como debe ser.


You come in this world, and you go out just the same.
Today could be the last day of your life.
It’s your life, your life.

Pero desde el mismo momento en que empezamos a existir
se dicta sentencia sobre nuestras cabezas
todo lo que amamos nos será arrebatado
todo aquello que nos rodea es perecedero

Y una vez soñando grité:
¿de qué sirve tanto amor si todo debe acabar en el olvido?
¿qué son 100 años frente a mil
cien mil, un millón?

These are the chronicles of life and death and everything between

En el nacimiento y en la muerte
l@s human@s no somos distint@s al resto de los animales
nuestros cuerpos se corromperán de la misma manera

Una vez que el sistema inmunológico se detiene, las bacterias del intestino invaden el resto del cuerpo, al detenerse la circulación de la sangre, los tejidos mueren por falta de alimento y empiezan a deshacerse.
llegan los insectos, las moscas ponen sus huevos sobre las heridas abiertas y los orificios corporales: nariz, boca, ojos y oídos, y es allí donde se incuban sus larvas.
Las bacterias producen gases que hinchan el cadáver, mientras lo devoran por dentro.

"Ví cómo los gusanos se alimentaban de órganos tan maravillosos como los ojos y el cerebro"
(Víctor Frankenstein)

These are the stories of our lives, as fictional as they may seem.

In the city was a sinner
I’ve done a lot of things wrong

But we all bleed the same way as you do
We all have the same things to go through

¿y de qué otra forma lo querías?
Lo mismo que todo el mundo quiere, pero que nadie dice:
Quedarnos aquí, con aquello a lo que más amamos
para siempre


Sobrevivir no es poca cosa. Ya es bastante. Se cuentan por millones quienes no lo lograron, quienes murieron antes de tiempo, aún antes de nacer.

Entonces...

¿qué fué de quienes amamos con locura y que ya no están?

Nada, no pasó nada.
Simplemente se nos adelantaron.


Justificar el aire que respiramos, la comida que ingerimos, la energía que significa mantener la vida, hacer algo que valga la pena, facilitarles las cosas a l@s que vienen después, dejar detrás algo que tenga sentido y justifique nuestro paso por esta Tierra...

Pero ¿qué obligación tenemos, nosotr@s, pobre raza humana, que nos arrojaron a este mundo sin preguntarnos siquiera?

¡Pero este argumento es absurdo!
En ese estado primigenio de ignorancia absoluta, no hubiéramos sabido qué responder, peor aún, no hubiéramos sido capaces de entender la pregunta.


Todo causa dolor en esta "Condición Humana". Desde los avatares del crecimiento y la madurez, hasta el abandono, la adversidad, incluso un exceso de felicidad o alegría. El dolor está ahí en nuestros pensamientos, en todo lo que vemos, en todo lo que tocamos, en el aire mismo que respiramos. Duele amar, duele olvidar, duele soñar, duele dejar algo atrás. Las condiciones más comunes y simples de la existencia son potenciales causas de sufrimiento, y si no existieran éstas, están allí siempre presentes nuestros fantasmas y demonios internos (frutos de nuestra vida y de nuestro pasado) para emponzoñar nuestros sueños y nuestro alimento.
tal vez eso sea la vida y vivir, un perenne luchar contra el dolor.

Por eso, a fin de cuentas ¿qué es la Muerte sino librarse de todo sufrimiento, de toda sensibilidad, de toda conciencia,
incluso librarse del propio ser, dar a cambio el cuerpo por un poco de paz verdadera?


Soy la suma total de mis días pasados
Soy prueba tangible de mi paso por la Tierra
¿Qué hay detrás de mis ojos sino mi propia existencia?
Gravito con peso y forma
¿qué más me fue dado sino mi propia Materia?
no he muerto y aquí estoy
escribiendo estas líneas

Yo aquí, simplemente, intentando comprender lo incomprensible.

 

Celebrating Death